Según varias investigaciones EEUU fue el autor del bombardeo a la escuela de Teherán

Distintos medios internacionales demuestran que EEUU es el autor de la masacre del siglo

Mientras Donald Trump sigue insinuando que merece el Premio Nobel de la Paz, distintos medios internacionales están reconstruyendo una historia bastante menos pacífica: el bombardeo que destruyó una escuela primaria en Irán y mató a más de 160 niñas teheraníes.

El ataque ocurrió el 28 de febrero en la ciudad de Minab, en el sur de Irán. Las niñas estaban en clase cuando varios misiles impactaron en la escuela Shajareh Tayyebeh. El edificio colapsó sobre estudiantes de entre 7 y 12 años, dejando una cifra de muertos que ronda los 150 menores, además de decenas de heridos, aunque algunas fuentes elevan la tragedia a más de 180. Si esas cifras terminan confirmándose, el episodio podría convertirse en el ataques más mortíferos contra niños, las víctimas más inocentes, en una escuela en todo el siglo XXI.

«Trump, miralas a los ojos» Con cientos de chicos iraníes muertos, el presidente de EEUU sigue negando el bombardeo de la escuela primaria de Minab

Durante los primeros días, Washington evitó asumir responsabilidad y sugirió todo tipo de hipótesis alternativas. Trump incluso llegó a decir que el ataque podría haber sido obra de “Irán o alguien más”, sin aportar ninguna prueba. Pero mientras la Casa Blanca improvisaba explicaciones, varios equipos periodísticos comenzaron a reconstruir lo ocurrido utilizando imágenes satelitales, análisis de armamento y testimonios de funcionarios.

Una investigación citada por Reuters reveló que investigadores militares estadounidenses informados sobre la pesquisa interna creen que es probable que el ataque haya sido realizado por sus fuerzas. El propio Pentágono reconoció que está investigando el episodio.

Al mismo tiempo, otros análisis independientes reforzaron esa hipótesis. Videos del impacto y estudios de expertos en armamento mostraron que el misil utilizado coincide con un Tomahawk estadounidense, un tipo de arma que no forma parte del arsenal iraní. Además, el ataque ocurrió durante la primera jornada de bombardeos de la ofensiva estadounidense contra Irán.

Las imágenes satelitales también mostraron que la escuela estaba junto a un complejo de la Guardia Revolucionaria, lo que sugiere que el ataque pudo haber sido dirigido contra ese objetivo militar cercano o producto de un error de inteligencia. Pero incluso en ese escenario, el resultado es el mismo: un edificio escolar destruido y decenas de niñas muertas bajo los escombros. Y la pregunta que cuestiona es, ¿por qué hacerlo en horario escolar?

Organizaciones de derechos humanos ya pidieron que el episodio sea investigado como posible crimen de guerra, recordando que el derecho internacional humanitario prohíbe ataques contra infraestructuras civiles como escuelas, salvo en circunstancias extremadamente limitadas.

Sin embargo, lo más llamativo no es sólo la magnitud de la tragedia sino la reacción de buena parte de los grandes medios occidentales. Mientras otros ataques contra civiles han ocupado portadas durante semanas, el bombardeo de una escuela llena de niñas en Irán, la masacre del siglo, es tratado como una nota incómoda que conviene mencionar sin insistir demasiado.

Quizás porque reconocer el alcance del episodio obliga a formular una pregunta incómoda: si el ataque termina confirmándose como estadounidense, estaríamos frente a una de las mayores masacres de niños en una escuela en lo que va del siglo.
Hasta ahora, el ataque más mortífero contra niños en una escuela había sido la masacre de Peshawar, en Pakistán, ocurrida el 16 de diciembre de 2014. Ese día un comando del Talibán pakistaní (Tehreek-e-Taliban Pakistan) irrumpió armado en la Army Public School de la ciudad y comenzó a disparar aula por aula contra los estudiantes. El ataque dejó 141 muertos, entre ellos 132 niños, en lo que fue considerado uno de los atentados más brutales contra menores en la historia reciente.

Los atacantes actuaron deliberadamente contra estudiantes adolescentes y profesores durante varias horas hasta que fuerzas especiales del ejército pakistaní lograron recuperar el edificio. El Talibán reivindicó la masacre como represalia contra operaciones militares del gobierno pakistaní en zonas controladas por insurgentes. El episodio provocó la condena internacional.

Hasta el 28 de febrero esa masacre de una organización terrorista islamista era la peor en lo que va del milenio. Si las investigaciones sobre el bombardeo en Irán se confirman, la diferencia será incómoda: el nuevo récord no lo tendría una milicia insurgente radicalizada sino la mayor potencia militar del planeta, que suele presentarse como garante del orden internacional.

Las víctimas, mientras tanto, no eran soldados ni milicianos ni combatientes de ninguna guerra. Eran niñas que estaban en clase una mañana cualquiera. Tenían mochilas, cuadernos, lápices de colores y recreos por delante.

Ahora tienen pequeñas tumbas.

Y mientras sus familias entierran a más de un centenar de hijas, el presidente de Estados Unidos todavía habla de paz, de estabilidad mundial y de premios internacionales.

En algún lugar del planeta, el comité del Nobel seguramente está tomando nota.

Aunque tal vez las niñas de Minab también merezcan ser mencionadas en esa conversación.

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Leandro Retta