el organismo internacional reclamo que se cuiden las vidas de los niños pero no mencionó a la masacre del siglo

Tibieza de Unicef: condena genérica a los niños muertos en la guerra y olvido de la Masacre del Siglo

El 11 de marzo, Unicef publicó un comunicado con un número que debería helar la sangre de cualquiera: más de 1.100 niños muertos o heridos en los primeros diez días de la guerra en Medio Oriente. La cifra es espantosa, pero esconde un detalle aún más espantoso: en ese mismo comunicado, la organización decidió borrar el episodio más aberrante de todo el conflicto. No por error, no por descuido. Lo borró.

Para entender lo que pasó hay que retroceder al 28 de febrero, el día en que empezó la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Ese mismo día, Unicef emitió una declaración que sí tenía algo de humanidad. La organización hablaba de «informes de escuelas bombardeadas en Irán, incluida una escuela de niñas en Minab, en la provincia de Hormozgan, en el sur de Irán». Y agregaba: «Decenas de estudiantes habrían muerto y muchas otras habrían resultado heridas».

Esa escuela era la Escuela Primaria de Niñas Shajareh Tayyebeh. Las niñas tenían entre 7 y 12 años. Estaban en clase cuando los misiles impactaron y el Pentágono está empezando a filtrar que la masacre del siglo de debió a «inteligencia desactualizada».

Cinco días después, el 5 de marzo, la propia Unicef confirmó la magnitud de la masacre. En un tuit que ya no está online, la organización escribió: «Unicef está profundamente preocupado por el mortal impacto que la escalada militar en curso en Irán está teniendo sobre los niños. Aproximadamente 180 niños han muerto y muchos más han resultado heridos, según informes».

Los medios que cubrieron la noticia fueron más precisos: 168 niñas muertas solo en Minab, más otras 12 en distintas escuelas de la región. El funeral fue multitudinario. Tres excavadoras amarillas cavaban filas de tumbas mientras el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, publicaba en X: «Estas son las tumbas que se están cavando para más de 160 niñas inocentes que murieron en el bombardeo estadounidense-israelí de una escuela primaria. Sus cuerpos fueron destrozados. Así es como se ve en realidad el ‘rescate’ prometido por el señor Trump». Y cerró vinculando esta guerra con Gaza, apelando a la unidad islámica.

Hasta ahí, Unicef hacía su trabajo: documentar, denunciar, nombrar. Hasta que alguien, en algún escritorio de Ginebra o Nueva York, decidió que era mejor no seguir nombrando.

El 11 de marzo, cuando el número total de niños víctimas ya superaba el millar, Unicef volvió a emitir un comunicado. Esta vez el tono era otro. Hablaba de «partes en conflicto», de la necesidad de «cesar las hostilidades», de «proteger a los niños». Pero había algo que ya no estaba: la masacre de Minab. Las 168 niñas habían desaparecido del texto. La escuela de niñas ya no existía en el relato de Unicef. También se ponía al mismo nivel de responsabilidad a invasores que a invadidos y evitaba hacer juicio sobre que las mayores víctimas infantiles se ubican en Irán y en el Líbano, países bombardeados por Estados Unidos e Israel.

El salto es obsceno: pasaron de señalar un crimen de guerra específico a hacer declaraciones que podrían aplicar a cualquier guerra en cualquier lado. Un llamado a la paz que se preocupa más por no ofender a los agresores que por evitar la guerra que afecta potencialmente a millones de menores de edad. Es el equivalente humanitario a lavarse las manos.

Pero lo de Unicef, por grave que sea, no fue el único acto de hipocresía institucional de esos días. El mismo lunes 2 de marzo, mientras las niñas de Minab eran enterradas bajo tierra, Melania Trump presidía en Nueva York una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el impacto de los conflictos armados en los niños.

Era la primera vez en la historia que el cónyuge de un jefe de Estado presidía una reunión del Consejo de Seguridad. La primera dama de Estados Unidos se sentó en la silla del presidente, condecoró a los 15 embajadores con su presencia, se tomó una foto de rigor y abrió la sesión.

Lo que dijo, textualmente: «Estados Unidos está junto a todos los niños del mundo. Espero que pronto la paz sea de ustedes». Habló de educación, de inteligencia artificial, de que «la paz no tiene por qué ser frágil». Instó a los miembros del Consejo a «proteger el aprendizaje en nuestras comunidades». No mencionó Minab. No mencionó las 168 niñas. No mencionó que 48 horas antes, un misil de su país había pulverizado una escuela.

El embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, también cuestionó la lógica de la reunión convocada por Melania Trump: «La cuestión ante la comunidad internacional es clara: ¿puede un Estado poderoso atacar a otro miembro soberano de las Naciones Unidas con impunidad? Si la respuesta es sí, entonces la Carta no tiene sentido. Si la respuesta es no, entonces esta agresión debe ser condenada y detenida».

Ningún medio occidental replicó estas declaraciones con la misma contundencia que le dieron al evento social de la primera dama del invasor norteamericano.

La foto es tan grotesca que parecería un montaje sino fuera porque los Trump son tan ignorantes que ni siquiera entienden (o sí, pero no les importa). La primera dama del país que acababa de bombardear una escuela dando consejos sobre cómo proteger a los infantes en las guerras. Y el Consejo de Seguridad, que debería haber estado condenando esa masacre, prefirió escuchar con respeto y al final un embajador europeo le dijo: «Gracias, señora presidenta».

Para que el cinismo sea perfecto, faltaba un detalle que varios medios consignaron: la administración Trump, mientras Melania hablaba de proteger a los niños, había estado desfinanciando sistemáticamente a las propias agencias de la ONU dedicadas a esa tarea. En enero de 2026, Estados Unidos retiró su apoyo a la Oficina del Representante Especial del Secretario General para la Cuestión de los Niños y los Conflictos Armados, que es la que proporciona informes detallados sobre el impacto de los conflictos en los niños y puede ayudar a activar acciones para prevenir la violencia. También redujo drásticamente el financiamiento a Unicef y se retiró de la UNESCO.

O sea: Melania preside una reunión para hablar de proteger a los niños, pero su gobierno corta los fondos a las agencias que realmente los protegen, bombardea una escuela y mata a 168 niñas, y después no las menciona.

La pregunta que debería perseguir a los funcionarios de Unicef es simple y brutal: ¿por qué decidieron actualizar su comunicado sacando la única parte que señalaba el crimen más grave? ¿Fue presión diplomática? ¿Autocensura para no ofender a Washington? ¿O simplemente calcularon que 168 niñas pesan menos que el mal humor de la Casa Blanca?

Cualquiera sea la respuesta, el resultado es el mismo. Una organización que tiene como mandato proteger a los niños terminó contribuyendo a borrar la peor masacre de niños en una escuela de los últimos años. No lo hizo con silencio, porque el comunicado del 11 de marzo existe. Lo hizo con palabras vacías, condenas genéricas, frases hechas que no comprometen a nadie.

Esa es la tibieza que mata dos veces. Primero, cuando no evita la masacre. Después, cuando la borra de la historia para que nadie tenga que responder por ella.

Mientras tanto, en algún lugar de Irán, 168 familias siguen sin hijas. Y el comité del Nobel, que alguna vez le dio un premio a la paz a Barack Obama mientras bombardeaba siete países, seguramente está tomando nota para cuando terminen de contar los muertos de esta guerra.

Declaración completa del Embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, con motivo de la reunión del Consejo de Seguridad sobre niños en conflictos armados (2 de marzo de 2026)

Fuente: Naciones Unidas / Oficina del Representante Permanente de la República Islámica de Irán ante la ONU

Texto completo de la declaración ante la prensa:

«El tema que enfrenta la comunidad internacional es claro: ¿puede un Estado poderoso atacar a otro miembro soberano de las Naciones Unidas con impunidad? Si la respuesta es sí, entonces la Carta no tiene sentido. Si la respuesta es no, entonces esta agresión debe ser condenada y detenida.

Estados Unidos, en total coordinación con Israel, ha lanzado un segundo ataque militar deliberado e injustificado contra Irán. Se trata de un acto de agresión calculado. Las principales ciudades y áreas densamente pobladas fueron atacadas. Cientos de civiles inocentes perdieron la vida, muchos más resultaron heridos.

Esto constituye una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe estrictamente la amenaza o el uso de la fuerza contra la soberanía y la integridad territorial de cualquier Estado. Es un ataque directo a los fundamentos del derecho internacional.

Los hechos son claros. La agresión es clara. La responsabilidad también es clara.

Estados Unidos e Israel han atacado deliberadamente al Líder Supremo de Irán y a altos funcionarios militares. Atacar al más alto funcionario de un Estado miembro soberano de la ONU es una violación flagrante del derecho internacional y un ataque directo a la igualdad soberana. Tal conducta pone en peligro todo el sistema internacional.

Del mismo modo, Estados Unidos e Israel han atacado deliberadamente a civiles e infraestructuras civiles. Esto incluye el bombardeo de una escuela primaria de niñas en Minab, en la provincia de Hormozgan, en el sur de Irán. Más de 160 niñas perdieron la vida en este ataque. Decenas más resultaron heridas.

Estos actos constituyen agresión. Constituyen crímenes de guerra. Constituyen crímenes de lesa humanidad.

Las Naciones Unidas no pueden permanecer en silencio. La rendición de cuentas no es opcional.

El Consejo de Seguridad debe actuar con firmeza, claridad y sin ambigüedades.

Irán no busca la guerra. Irán no busca la escalada. Pero Irán no renunciará a su soberanía.

Es profundamente vergonzoso e hipócrita que, en el primer día de su presidencia del Consejo de Seguridad, Estados Unidos convoque una reunión de alto nivel sobre la protección de los niños en los conflictos armados, mientras al mismo tiempo lanza ataques con misiles contra ciudades iraníes, bombardea escuelas y mata a niños.

Para Estados Unidos, ‘proteger a los niños’ y ‘mantener la paz y la seguridad internacionales’ significan claramente algo muy diferente de lo que establece la Carta de la ONU.

El doble rasero destruirá la credibilidad de este Consejo. El silencio alentará una mayor ilegalidad.»


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Leandro Retta