En la Legislatura bonaerense, los mismos espacios que en el Congreso agitan la bandera de la “responsabilidad fiscal” para regalarle a Milei un nuevo programa con el FMI, acaban de descubrir que endeudarse es peligrosísimo… siempre y cuando el que pide la autorización sea el soviético Axel Kicillof. El presupuesto 2026 se aprobó, pero PRO, La Libertad Avanza y buena parte de la UCR se plantaron contra el capítulo de endeudamiento y contra la emergencia económica, denunciando que el gobierno provincial buscaba un “cheque en blanco” y un “sobrefondo de discrecionalidad” para hacer caja.
No fue un rechazo abstracto: tuvo nombre y apellido. El diputado liberal Guillermo Castello que ilustra este artículo se convirtió en uno de los voceros del no, acusando a Kicillof de usar la emergencia y la deuda para “tapar el agujero” de su propia gestión y exigirle a la oposición que se haga responsable de los costos. El PRO bonaerense, con figuras como Matías Ranzini, se encolumnó en la misma lógica: todo endeudamiento provincial es sospechoso, todo pedido de herramientas es una trampa, todo peso que no pase por su lapicera es un abuso. La UCR, con Diego Garciarena al frente del bloque, repitió la muletilla del “no vamos a dar cheques en blanco”, la misma frase que ya había usado en presupuestos anteriores para marcar distancia del gobernador.
La escena sería coherente si no existiera el Congreso nacional. Pero unos días antes, en la Cámara de Diputados, la UCR que conduce Rodrigo de Loredo fue clave para aprobar el DNU 179: el decreto que blanquea el nuevo entendimiento con el FMI y habilita al gobierno a tomar más deuda con el organismo sin que nadie conozca el monto final ni las condiciones completas. De Loredo defendió el acuerdo con entusiasmo: explicó que “hacernos de fondos” a tasas razonables, lejos de ser un problema, era la llave para recrear el crédito, fortalecer la “capacidad financiera” del Estado y, mágicamente, terminar con la inflación. Cuando la deuda la firma Milei, el cheque en blanco se vuelve instrumento modernizador.
La explicación radical no flotó sola en el aire. El PRO sumó su propio coro. Cristian Ritondo, uno de los espadas del macrismo, se pasó meses acusando al peronismo de ser “la máquina de impedir” que no deja gobernar a Milei; cuando se discutió la Ley Bases y el paquete fiscal, celebró que el bloque amarillo garantizara “gobernabilidad” y advirtió que los que votaban en contra estaban trabando el cambio. Para el PRO, el problema no es el tamaño del endeudamiento ni el ajuste que lo sostiene: el problema es quién está sentado en el sillón de Rivadavia o en la gobernación de turno.
La Libertad Avanza, por su parte, directamente convirtió la palabra “herramientas” en fetiche. En el cierre de la maratónica sesión de Ley Bases, el diputado Gabriel Bornoroni prometió que le darían a Milei “las herramientas para sacar el país adelante” y “reformar el Estado de una vez y para siempre”, marcando que quien se opusiera a ese menú legislativo se ubicaba del lado de los que obstaculizan el cambio. Esa misma bancada que en Nación trata de golpistas a los que no convalidan el plan económico, en la Provincia se escandaliza por la mera idea de que Kicillof tome deuda para obra pública o para recomponer un Estado devastado por la recesión libertaria.
La doble vara se vuelve pornográfica cuando se mira lo que ocurre en la Ciudad de Buenos Aires. Apenas días atrás, el gobierno de Jorge Macri anunció con bombos y platillos la emisión de la nueva Serie 13 del Bono Tango: 600 millones de dólares colocados en Nueva York, bajo ley inglesa, a una tasa del 7,8% y con fuerte sobreoferta de los mercados. El propio jefe de Gobierno celebró que se trataba de “una gran noticia para la Ciudad y para nuestro país”, destacó que recibieron ofertas por casi el triple del monto buscado y remarcó que la operación era posible gracias a la “excelente reputación crediticia” de CABA y a su “responsabilidad fiscal”, orgulloso de tener el menor nivel de endeudamiento de los últimos doce años.
Es el mismo PRO que en Buenos Aires provincia denuncia que cualquier emisión de deuda es inmoral. Nadie en el macrismo porteño habló de “cheque en blanco” cuando la Legislatura autorizó el Bono Tango. Por el contrario, se alabó que la deuda permitiera “seguir haciendo las obras que les cambian la vida a los porteños”. Cuando el deudor se llama Jorge Macri, la deuda se vuelve sinónimo de futuro, infraestructura y solvencia. Cuando el deudor se llama Axel Kicillof, la misma herramienta es una amenaza al porvenir de las próximas generaciones.
Mientras tanto, el endeudamiento que Milei negocia en Washington no viene solo: trae condicionamientos sobre el gasto social, la política previsional y la autonomía de las provincias. Pero para la oposición “dialoguista” eso no es un “cheque en blanco”; es, en palabras de De Loredo, la oportunidad de que “Argentina vuelva al mundo” y de que el ajuste se vuelva “más llevadero” para los que ya la están pasando mal.
En la Provincia, en cambio, no se discute un megaacuerdo con el FMI ni una bicicleta financiera con Wall Street, sino la posibilidad de financiar obra pública, sostener programas sociales y administrar una recesión que golpea la recaudación y los servicios esenciales. Kicillof ya reestructuró la pesada herencia de la deuda provincial de la era Vidal, extendiendo plazos y bajando tasas. Ahora pide autorización para emitir nuevos instrumentos en un contexto donde Nación le recorta recursos y paraliza obras como el paso urbano El Cholo o el gasoducto de la Costa. Esa realidad desaparece en el discurso opositor: para PRO, LLA y varios radicales, todo se reduce a frenar cualquier margen de maniobra del gobernador peronista, aunque eso signifique dejar a la Provincia con menos herramientas que la Ciudad.
El resultado es una coalición cambiemita-libertaria que se comporta como auditora muy severa del endeudamiento ajeno y como escribanía dócil del endeudamiento propio. A Milei le votan la Ley Bases, el paquete fiscal y el DNU del FMI. A Jorge Macri le celebran el bono en dólares, aplaudido incluso por el Presidente como “anticipo de la Argentina grande y próspera” que sueña la motosierra. A Kicillof, en cambio, le marcan el paso con discursos sobre prudencia y límites, como si el problema del país fuera un gobernador que quiere terminar rutas, hospitales y escuelas, y no un presidente que se abraza al Fondo para sostener un modelo recesivo.
Por eso hablamos de cómplices selectivos: no son enemigos del endeudamiento, son socios del endeudamiento correcto, el que pasa por Washington, por la City porteña y, recién ahí, por la Legislatura que controlan o obstruyen ellos. Los mismos que le dieron a Macri padre la llave para llevar la deuda externa a niveles récord entre 2016 y 2019 hoy posan de guardianes del futuro de los bonaerenses, mientras levantan la mano cada vez que Milei les pide otro pagaré en nombre de la “libertad”. La coherencia, como la justicia, parece ser un lujo al que sólo acceden los que no gobiernan.

