En medio de la guerra abierta en Medio Oriente, con los misiles todavía cayendo sobre Teherán y las 168 niñas de Minab enterradas bajo tierra, Irán rompió el silencio diplomático y dedicó un editorial completo a Javier Milei. Lo hizo a través del Tehran Times, el principal diario en inglés de la teocracia chiita y considerado una de las voces casi oficiales del establishment político iraní hacia la comunidad internacional . Es importante aclarar que el Tehran Times tiene su sitio caído desde que comenzó la guerra pero funcionarios iraníes lo difundieron fuera del país porque consideran importante el mensaje para los argentinos.
El mensaje, publicado el 16 de marzo, no fue una simple queja: fue una advertencia con forma de expediente. El título lo dice todo: «Milei, Quo Vadis?» («Milei, ¿qué estás haciendo?») . La respuesta iraní no cayó del cielo. Fue construida pieza por pieza por el propio presidente argentino, que desde que asumió se encargó de darles motivos de sobra a los ayatolás para que lo tengan en la mira. Vamos por orden, porque la cronología de agravios es larga y cada eslabón tiene su fecha.
El primer mojón se plantó el mismo 28 de febrero, el día en que Estados Unidos e Israel lanzaron la ofensiva contra Irán. Mientras las bombas caían sobre ciudades iraníes, la Cancillería argentina emitió un comunicado oficial respaldando la operación militar y condenando a Teherán, vinculando explícitamente el ataque con la causa AMIA.
Ese fue el primer gesto: Argentina no se mantuvo neutral, se alineó con Washington y Tel Aviv en el minuto cero. Pero lo grueso vino después. El 9 de marzo, Milei viajó a Nueva York y dio el zarpazo definitivo en la Universidad Judía Yeshiva. Ante un auditorio que lo aplaudía de pie, el presidente argentino soltó tres frases que Irán leyó con lupa: «No me cae bien Irán. Nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel. Por lo tanto, digamos, son nuestros enemigos. Pero además tengo una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel» . Por si quedaba alguna duda, se autoproclamó «orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo» . Para Irán, esas declaraciones no fueron un exabrupto más de un político latinoamericano. Fueron la confirmación de que la Argentina oficial había cruzado una línea que hasta ese momento ningún gobierno había osado pisar.
El Tehran Times tardó una semana en procesar el golpe, pero cuando lo hizo, fue con todo. El editorial firmado por Saleh Abidi Maleki no se anda con vueltas. Dice: «Ahora, Argentina se ha presentado oficialmente como enemiga de Irán y se ha alineado con Estados Unidos y el régimen sionista en la agresión militar contra nuestra nación. Esta es una línea roja imperdonable que ha sido cruzada» . El texto enumera punto por punto las razones de la acusación. Primero, el proyecto de «iranofobia»: Irán sostiene que Milei participa de una campaña orquestada por el «eje estadounidense-sionista» para demonizar a la República Islámica y recuerda que esa campaña «comenzó hace 31 años» con las «falsas acusaciones» sobre el atentado a la AMIA . Segundo, la conversión de Argentina en «el Israel de América Latina»: el editorial denuncia que «grupos de presión y elementos cercanos al régimen sionista tienen una profunda influencia en los centros de decisión» del país, lo que habría transformado a la Argentina en «una base para diseñar y ejecutar complots» contra Irán . Incluso menciona, sin aportar pruebas, la existencia de «empresas argentinas vinculadas a círculos sionistas» que, bajo cobertura comercial, realizarían tareas de espionaje cerca de las fronteras de Irán, formando «un eslabón en la cadena de amenazas contra la seguridad nacional de Irán». Más allá de la veracidad de estas acusaciones, deberían limarse en una cancillería y no con gritos de guerra y cantos de victoria.
Tercero, y este es el punto más fuerte, la vinculación con la Masacre del Siglo. Irán no responde en abstracto. Responde con la sangre de las niñas de Minab. El texto lo dice sin eufemismos: «La mano de los enemigos de Irán está manchada con la sangre de personas inocentes de nuestro país, incluyendo a más de 160 estudiantes de la escuela de Minab (destruida recientemente por un misil estadounidense)» . Al hacerlo, Irán equipara simbólicamente a las víctimas de la AMIA con las víctimas de Minab, y coloca a la Argentina del lado de los perpetradores de esa masacre. Y acá viene la contradicción que debería incomodar a más de un mileista. El mismo presidente que se presenta como defensor de la civilización occidental y sus valores, el que dice que Occidente es el faro moral del mundo, tiene como principal aliado al país que acaba de pulverizar una escuela primaria con 168 nenas adentro. Esa es la «coherencia» del alineamiento automático: mientras Trump bombardea escuelas, Milei aplaude desde la platea y se declara «enemigo» de las víctimas.
El editorial iraní no se limita a la queja. Advierte explícitamente que habrá consecuencias: «Irán no puede permanecer indiferente ante las posiciones hostiles del actual gobierno argentino… debe diseñar una respuesta proporcionada a esta enemistad» . El término «respuesta proporcionada» es, en el lenguaje de la geopolítica, un misil con la mecha encendida. No significa necesariamente un ataque, pero sí una advertencia de que Teherán está evaluando cursos de acción. Y si Milei, en su afán de mostrarse como el mejor alumno de la clase de Trump, decidiera dar un paso más (como enviar tropas, armamento o apoyo logístico a la coalición), la proporcionalidad de esa respuesta iraní crecería en la misma medida. Nadie en el gobierno parece estar haciendo esa cuenta.
Hay un detalle que los voceros oficiales omiten sistemáticamente. Desde junio de 2025, tras el aumento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán y los ataques a instalaciones nucleares iraníes, Argentina tiene cerrada su embajada en Teherán por «razones de seguridad» . Sin embargo, la embajada de Irán en Buenos Aires continúa operativa . Esa asimetría dice mucho. Irán mantiene su representación diplomática en Argentina incluso después de que Milei los declarara «enemigos» y se alineara con la coalición que los está bombardeando. Si Teherán quisiera romper relaciones, ya lo habría hecho. Pero no. Es Argentina la que se fue. Es Argentina la que cruzó la línea. Mientras tanto, sectores de La Libertad Avanza ya presionan para dar el paso siguiente: la expulsión de los diplomáticos iraníes . De concretarse, sería otro mojón en la escalada: un gesto que Irán leería como una nueva hostilidad y que, en el marco de la «respuesta proporcionada», sumaría un punto más en la columna de los agravios.
Irán volvió a negar su responsabilidad en el atentado a la AMIA, como lo hace desde hace tres décadas . Pero la novedad no es esa. La novedad es que ahora la respuesta iraní viene con un capítulo adicional: el de las «empresas argentinas vinculadas a círculos sionistas» que, según el Tehran Times sin aportar pruebas, estarían realizando tareas de espionaje cerca de las fronteras de Irán bajo «cobertura comercial» . Es una acusación grave, pero también es un síntoma de hasta dónde llegó la desconfianza. El gobierno de Milei ha convertido a la Argentina en un actor de la guerra en Medio Oriente. No con tropas, no con aviones, pero sí con declaraciones, con alineamientos, con gestos que Teherán lee como parte de la agresión. Y cuando un régimen como el iraní dice que alguien «cruzó una línea roja imperdonable», no es un comentario para la tribuna. Es una alerta. El 17 de marzo, el mismo día en que se cumplía un nuevo aniversario del atentado a la Embajada de Israel, Milei volvió a encabezar un homenaje . Mientras tanto, en algún lugar de Irán, 168 familias siguen sin hijas y el gobierno persa toma nota de cada movimiento del «presidente más sionista del mundo».

