La estrategia quedó clara el martes al mediodía, cuando la mesa política se reunió en la Casa Rosada durante casi dos horas. No estaban para discutir cómo explicarles a los argentinos el escándalo de los 5 millones de dólares que, según documentos oficiales incorporados a la causa, habrían pactado con el empresario Mauricio Novelli a cambio del tuit presidencial que desató la estafa cripto. Estaban para discutir cómo hacer que el tema desaparezca. La consigna, filtrada por una «fuente violeta» al portal El Destape, no puede ser más explícita: «Necesitamos que se hable de otra cosa. Preferimos que sigan con la interna del Gobierno antes que con $LIBRA» . Es la admisión más cruda de que no tienen respuestas, ni plan para darlas. El plan B, simplemente, no existe. Lo que hay es silencio administrativo, carpetazo institucional y, cuando el silencio no alcanza, humo.
Mientras la justicia avanza y los documentos peritados por la DATIP, la dirección de investigaciones del Ministerio Público Fiscal, muestran un chat donde se detalla el pago de 1,5 millones adelantados, otros 1,5 por el tuit de Milei y 2 millones restantes tras la firma de un contrato con el Presidente y su hermana Karina , el gobierno decidió que la mejor defensa es el ataque al expediente. La renuncia de María Florencia Zicavo, la funcionaria de Justicia que estaba a cargo de la investigación interna, fue publicada en el Boletín Oficial el mismo día de la reunión . Alguien que investigaba dentro del propio gobierno se tuvo que ir justo cuando la presión mediática aumentaba.
La jugada es doble. Por un lado, apuntan directamente al corazón de la causa judicial. Según pudo saber La Política Online, el Ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, habría dado señales en una reunión con el jefe de Gabinete porteño que la intención oficial es impulsar la anulación del expediente . La oposición ya lo leyó así. En off, los voceros de los bloques dialoguistas resumen el diagnóstico con una frase filosa: «Mahiques actúa como abogado de los Milei» . La estrategia es deslegitimar la investigación antes de que se mueva demasiado. Sembrar la duda sobre la validez de las pruebas, cuestionar la cadena de custodia de los dispositivos de Novelli. Es el libreto conocido: si no podés ganar el partido, cambiá las reglas. También está en el saber popular que cuando uno apela a la invalidez de las pruebas no es porque esté bien plantado judicialmente.
Pero el silencio no alcanza. Cuando el escándalo propio no se puede tapar con carpetazos, se enciende un incendio en otra cuadra para que todos corran a apagarlo. Por eso, la reunión de la mesa política también sirvió para acordar una batería de leyes que ingresarán al Parlamento en las próximas semanas: modificación del código penal, ley de expropiaciones, ley de tierras, ley de fuegos, regularización dominial, ley de glaciares, reforma de la ley de discapacidad y nuevo financiamiento universitario . Temas que generan debate, que ocupan portadas, que movilizan a las organizaciones sociales y sindicales. Temas que, justamente, hacen que se «hable de otra cosa». Esa es la segunda pata de la estrategia: si no podés hacer que el escándalo desaparezca, hacé que la agenda pública desaparezca el escándalo. Un truco que los Milei han usado muy durante todo su mandato. El tema es que ahora el elefante es más grande y el combo entre despidos y salarios a la baja entró en una espiral estanflacionaria que carcome la paciencia.
Mientras tanto, en Casa Rosada esperan a ver cómo madura la idea opositora de citar a Javier y Karina Milei a declarar al Congreso. La respuesta ya está cantada: no irán . El gobierno advierte que no asistirá ni el Presidente ni su hermana, con lo que el escenario será el de siempre: una citación que termina en un portazo, unos días de cobertura mediática y después el olvido. La prioridad de los Milei, en todo caso, no es dar explicaciones, sino exigir que la Procuración investigue cómo se filtraron los datos de la causa . O sea, el problema no es el contenido del escándalo, sino que se haya hecho público. Una postura que solo tiene sentido si lo que se busca es disparar contra el mensajero.
Pero los papeles de Novelli están ahí. El peritaje de la DATIP los encontró en los dispositivos secuestrados en marzo de 2025 . Están en una carpeta de anexos que responde al pedido de búsqueda del fiscal Taiano sobre documentos que mencionen «Milei», «Javier Milei», «Karina Milei», «cripto» o «$LIBRA» . No es una filtración anónima ni una operación de prensa. Son documentos oficiales, incorporados a una causa judicial con todas las de la ley.
Taiano, probablemente por sus vínculos con el gobierno, no quiso destapar el vendaval que originó la pericia. Apenas habrá buscado lo mínimo para cumplir, seguro que Mauricio Novelli habría borrado todo. Pero no.
Ahora bien, que el gobierno intente ahora deslegitimarlos no borra lo que dicen: que había un acuerdo de pago de 5 millones de dólares, que incluía una transferencia por el tuit presidencial y otra por la firma de un contrato con el Presidente y su hermana. No fue un reuit inocente sino una estafa planificada de la que Javier Milei era parte fundamental.
En ese contexto, la reunión del martes no fue para resolver nada. Fue para coordinar el silencio y el humo. Patricia Bullrich se fue media hora antes. Santiago Caputo salió solo. El resto posó sonriente entre los bustos de la Rosada . Adorni tuiteó el temario legislativo mientras Karina Milei se fotografiaba con los Menem. Todo está calculado para que la conversación pública gire hacia otro lado. El problema es que la justicia no se maneja con tuits ni con reuniones de mesa política. Y los 5 millones de dólares que figuran en los papeles de Novelli no se borran con una ley de glaciares ni con una modificación del código penal. El gobierno puede intentar anular la causa. Puede presionar a los fiscales. Puede hacer que el Congreso debata 20 leyes al mismo tiempo. Lo que no puede es explicar por qué el Presidente de la Nación aparece mencionado en un documento judicial como destinatario de un pago por un tuit. Y mientras no pueda explicarlo, la estrategia de «hablemos de otra cosa» no va a ser suficiente. Porque el escándalo no se va a ir por más humo que larguen.

